viernes, 1 de mayo de 2015

Giramos



Aunque anduviesen teñidas del clásico desdén de las féminas, consentidoras víctimas propiciatorias de sus elecciones inertes y rutinarias, de sus decisiones convencionales, sujetas a la prudencia burguesa de los sensatos pies de plomo, afrancesadas asombrosas de grandes, hermosos pechos, me recordaban de modo caprichoso a aquellas otras hermanas que en el cine se llamaron Deneuve y Dorléac, bien que una murió a destiempo (¿se muere oportunamente, alguna vez?) y ni siquiera eso la eliminó por completo de unos recuerdos que se alimentan, complacidos o contrariados, de las nostalgias de una época de oro.
N. y N. consumen, con inconsciente displicencia, con pródiga parsimonia y algún toque frívolo de chovinismo prodigioso, el devenir del tiempo que les/nos, queda, sometido ineluctablemente a contingencia, al albur por sorpresa, arrasador, todopoderoso, del instante último que la infalible usurera de la guadaña nos tiene mimosamente reservado, con una sardónica mueca que se pretende sonrisa, aunque siniestra, en su pálida y fosforescente calavera.
Giramos por ahí, todos, en órbitas, nos desplazamos con movimientos que se entrecruzan a veces; que divergen, otras, interminablemente estériles.

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