miércoles, 27 de mayo de 2015

Cuando el río suena,



agua o piedras lleva. Es lo que tienen los refranes, date cuenta.
Y claro que siempre hay que mantener (faltaría más, en “este país” que tan escrupuloso se ha vuelto para según qué) la presunción de inocencia. Y que la investigación en curso, y las conclusiones posteriores que emita el tribunal de turno, y luego, si cupieren, los recursos, los trámites… todo eso.
Al final, cuando el asunto quede claro, o por lo menos judicialmente resuelto, lo más asombroso habrá sido haberte visto tantas veces estos años pontificando con el rigor ético, las exigencias doctrinales de 100 o más ya años de “honradez”, la desenvoltura de sagaz y suelto tertuliano, incluso en Intereconomía, vaya, todo un paladín del más virtuoso pensamiento progre, para venir a enterarnos después de que la tentación puede que también pueda contigo y, volvemos a los refranes, una cosa es predicar y otra, dar trigo, Ramoncín, Ramón solo, rey del pollo frito.
Alternativamente me irrita y me deprime el tufo de canallería que viene saliendo de la SGAE, cuya función, cuyo destino debieron ser solamente la alta decencia, el limpio hacer y el arte, en vez de este carrusel de “luminarias” a las que, por lo visto, la noche confunde.

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