domingo, 12 de abril de 2015

Magenta



Que yo sepa, solamente dejaron un álbum como muestra de su arte.
Una rara, inesperada gema que desprende un extraño encanto; un repertorio peculiar, casi temerario (en contraposición con tanta canción previsible y reiterativa como suelen emitir otras formaciones) que llega a destilar gotas de lento y delicado veneno.
Magenta, descartando alguna casi perdonable frivolidad, cuajó en aquel disco “La reina del salón”, que entre el misterio y la distancia siempre me pareció seductora.
Después de infructuosas pesquisas en las tiendas del ramo, y con tres décadas largas por medio, Irene me ayuda a recobrar ahora esas piezas que remueven neuronas, que vuelven a fingir la fascinación zozobrante de las expectativas.   

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