domingo, 19 de abril de 2015

La "cultureta"



Las ganas de guasa del barrio, y el “ocurrente” atrevimiento o, si lo prefieres, el desparpajo, que es un semitono más suave, no te creas que son garantía de casi nada. Ni tampoco valor añadido.
Supongo que asumimos, como algo inevitable, que nuestro tiempo, nuestra generación y sus vivencias, sus modas incluso, tienen que ver más de lo deseable en la cosa que, de uno en uno, somos.
La pega es que recorremos tiempos de decadencia: medios de información/difusión ramplones y masificados, planes de estudio de la señorita Pepis, referencias bastardas y enanas, materiales sintéticos por doquier, luminotecnia y efectos tecnológicos apabullantes aunque meollo pobre y más cacareo que consistencia…
Talla escasa, colores tirando a gris aburrimiento y, eso sí, determinantes métodos de encubierto lavado de cerebro, y del peor, de ese que disimula para procurar embaucarnos más a fondo.
Producto de eso, y aun con los títulos académicos de los que dispongas (aunque ahora se expenden/expiden algo plastificados, como las fotos de las comidas para “guiris” en las cafeterías más turísticas), no termino de creerte porque he vivido, escuchado, atendido mucho y se te escapa un tufillo de chalán barato, nada nuevo, un dejo de casi tampoco tuerto en país de frecuentes ciegos, de flautista de Hamelín, que no sé si lleva acento, y que hay que armar en casa, como dicen de los “muebles” de Ikea…
Para rebeldes, y a su modo, prefiero a Valle Inclán, a Larra, incluso a James Dean, antes que a un aprendiz de brujo colgado con las series de televisión que, por lo visto, son su faro y su más alta preferencia.

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