viernes, 3 de abril de 2015

El jarrón



Casi al principio.
Cuando no podía imaginar cómo llegaría a adorarte.

Entre besos y risas (pero eran más los besos) te regalé un jarrón de alabastro y te dije que con él podrías abrir una brecha en mi cabeza, nuevo Holofernes, durante mi confiado sueño en tu cama, entre tus brazos.
No te hizo falta.
Y yo, mal adivino, equivoqué el sitio: la brecha que me dio muerte la abriste en mi corazón, y sin más arma que tus artes.
Ahora miro nuestra luna de tantas noches y ando desorientado, como si no conociera esta ciudad donde viví tu amor (el que te tuve; que el que me pareció que me tenías, ahora creo que sólo lo soñé).

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