sábado, 7 de marzo de 2015

Esas tempranas tardes



Puede que fuera por el contraste del color de sus ojos; por la diferente dicción del idioma compartido.
Que los sedujera tanto, tanto, la coincidencia, el hecho de que ambos eran de agua, con lo de moda que estaba, en aquellas calendas, comentar las parafernalias de los signos zodiacales.
Y desde luego la extraordinaria calentura de la edad joven.
Así que cuando el atrevimiento de las caricias aumentaba, cuando llegaba al máximo la energía eléctrica que difundía el deseo en el aire del salón familiar, esas tempranas tardes, el alevín de gato que andaba cerca, salía disparado como una flecha olímpica, el pelo erizado sobre el lomo, y emitiendo un salvaje maullido que sonaba desproporcionado con la talla de un minifelino al que a lo mejor llamaban Trapito.

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