sábado, 28 de febrero de 2015

Valeria Golino



La contracción sutil en que convergen
 – apenas un dolor, con leve trazo –
tus cejas,
tu mirada de agua en la que tiembla
una tristeza que quizá me engaña;
tus rizos de ángel, tu luz extratóxica
de ninfa o náyade gentil, iridiscente.
La no sonrisa que casi desmiente
el espejismo que ahora mismo escribo
y siento y quedará
a años luz de distancia,
de incomprensión, de sueños no alcanzados,
Golino.
Tu inevitable metamorfosis en flor,
preferentemente  orquídea…

(El Hipocampo, algo dado a tenues aunque reiterados desvaríos, padece un ilusorio y ancestral friso de medusas. De vez en cuando, hilvana palabras a modo de conjuro, o como para soltar algo de todo ese lastre gravosísimo, y a sabiendas de la imprudencia con la que está derrochando las hermosas y ya no abundantes corcheas de su tiempo.)

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