viernes, 13 de febrero de 2015

Susanna Griso



Con doble N, vaya lujo.
Me decepcionas, me desconciertas, me descolocas.
Y el caso es que, cuando empezaron a destruir con tenacidad lo que quedaba de los bachilleratos de verdad, ya me temía que las sucesivas leyes para la ruinosa educación de los jovenzuelos (Loece, Lode, Logse, etc.) iban a dar frutos tirando a lamentables.
Y así, hemos tenido ocasión de apreciar, en varias generaciones de “educandos”, cómo se confirmaban aquellos presagios tenebrosos, y se manifestaban ejemplos derivados a lo largo de los años como el atrevimiento ignorante de “la Movida”; como el engendro que ZP iba urdiendo con la ayuda de aquellas colegas del cupo, del lote, de la fotografía resbaladiza con las vanidosas pieles para la revista fina, y nada más, como no fuesen las meteduras de pata y el chollo de los altos sueldos inmerecidos; como la proliferación y el afianzamiento de los rencorosos y los envenenados hasta hacer de la Universidad un nido de subversión e inconsecuente rojerío rabioso; y ahora tú, que…
…habiéndonos hecho confiar (con tu júbilo modoso, tu apellido “bien”, tu melenita cotidianamente acicalada), resulta que vas y confiesas (voluntariamente, ningún revólver te apuntaba) que en casa no te cambias de ropa para cocinar, para guisar, ¿algo más, por cierto, que lo del microondas?
¡Qué disgusto, Susana, Susanna!
Y es que, cuando los planes de presunta educación parecen un tobogán de disparates, pasa lo que pasa. 

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