jueves, 19 de febrero de 2015

La senda de los elefantes



A punto para el Carnaval, el Tribunal Supremo se decide y (ya era hora) llama a declarar, aunque será para abril, a una plana mayor de mandamases de la Junta de Andalucía, que durante una larga serie de años “no se enteraron” de nada de lo que pasaba con cerca de 900 millones de euros, de los que parecen fantásticamente evaporados bastante más de 100.
Los aforamientos y los desplazamientos de sillón que, como trampantojos, triquiñuelas y elusivos biombos chinos o japoneses de papel de arroz y fina seda polícroma, se han ido poniendo como estorbos al empuje admirable de la admirable Mercedes, habrán de ser removidos, eliminados para que “el que la haga, la pague”.
A toda velocidad, Pedro, inestable timonel de barco a la deriva, y Susana, “esa líder nata”, han diluido las bravuconerías con las que iban a lanzar sus anatemas a cualquier imputado, y en creciente fantasmagoría afirman que no dijeron exactamente lo que hemos visto que dijeron y que sonaba como si talmente lo dijeran.
Igual no ocurre nada, o lo que sea, prescribe; o lo medio desactivan con habilidades legalistas, que ya hay expertos prestidigitadores para ello. Y desde luego que a estos listos bajo sospecha no se les va a caer la cara de la vergüenza que no tienen, intentando tomar por tonto al personal.
Pero conste que el personal no es tonto: sólo está sometido o silenciado; o sobornado.

(María Casado, con ese rostro de casi angelito sonriente, que puede permitirse lucir con éxito su comprometedor, audaz, decisivo corte de pelo, reseñaba ayer la noticia y daba paso, para su ampliación, a Sirún Demirjián, a quien jamás habíamos visto antes, pese a su considerable trayectoria, y cuya dicción primorosa nos deja encantados.)   

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