domingo, 1 de febrero de 2015

Actividades rigurosas



Se despierta perezosa, con el sol alto, bien entrado el día. Y enseguida Nany trae el zumo de frutas por si hay que quitar los restos de la resaca.
El baño de espuma y sales; la crema facial, el champú de equilibrio ideal. El masaje.
Va aterrizando así, delicadamente, en la realidad. En la suya, muy distante de la que agita esa muchedumbre que ayer invadió el más estricto centro de la ciudad.
Preparará cuidadosa, detallada, la perfecta hermosura de su estuche vacío, para halagar la vanidad del poderoso dueño que paga sus facturas y la regala con visones y brillantes.
Porque a la noche, como cada noche, debe estar deslumbrante para los invitados, magnates y queridas que, entre copas y finos canapés, tejen sutilmente todas las tramas.
Recuerda apenas su época joven de activista, sindicalista, universalista, las coreadas arengas, los vaivenes apasionados, motivados, ilusionados, que fueron volviéndose turbios, interesados, rebozados en creciente escepticismo, cinismo, materialismo. Se sabe de memoria la canción, la ambición, el cuento chino.
A veces piensa que todo es una noria. Una partida de cartas marcadas. Un estanque en el que el pez grande, en solitario, o la menuda piraña, en grupo numerosísimo, siempre se van a comer al pez chico.
Una cuestión de matices en la voracidad. Un asquito, vaya.       

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