sábado, 31 de enero de 2015

Una sorprendente transmutación



(Una confidencia con margaritas delante.)
No siempre son detectables, comprensibles, los mecanismos que condicionan y/o dirigen nuestras  conductas, nuestras actitudes, comportamientos, lo que sea.
Contemplé, y experimenté, su evolución, su transmutación asombrosa y algo alarmante: vivía, ahora, como si sus circunstancias, sus peripecias  personales  le concediesen una bula, el privilegio de esperar, de exigir de los demás un tratamiento que siempre debía concederle una clara ventaja, una casi sumisión del prójimo, rendido súbdito.
Parecía que la divisa de su escudo de armas hubiera llegado a ser
                             “TODOS (vosotros) PARA UNO (yo)”.
Cuando la barra de progreso (¡fíjate, Almendrita!) de mi decepción fue completada, cuando ya no cabía un desengaño más, cuando cada vez fue más y más luminoso el hecho de que fumaba más, mucho más y follaba menos, mucho menos, salí despavorido, definitivamente huyendo sin dar, ¿para qué?, explicaciones.
Y, muy propio: sin ser yo el enemigo, su egoísmo y su desentendimiento no dejaron de ofrecerme el tradicional, implícito, majestuoso “puente de plata”.
Cuestión de estilos.

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