sábado, 24 de enero de 2015

Una jornada para superar



Un cielo azul, inmaculado, límpido, aunque un frío cortante, inusual en Cádiz.
Problemas por delante. Estructuras que habrá que reformar.
La implacable reflexión sobre el paso del tiempo, sobre la inexorable aproximación (lenta o rauda que sea) al “telón rápido” del final.
Mientras que insisten, cansinos, recalcitrantes, ternes, los flecos de la crisis de salud que comenzó antes de Nochebuena.
El Hipocampo ayer se impuso y trasladó su tambaleante ánimo, para pasar el día, a Granada, que es ciudad más hermosa que nunca, desde que Irene viene eligiéndola como sede de sus fantásticas vicisitudes.
Me reconforta que, de manera espontánea (y aunque señale mi caudalosa verborrea), solicite otro abrazo más de despedida. En la forma difícil, con rémoras aún, con la que vive nuestra discontinua cercanía, siento que NOS quiere. NOS somos el Hipocampo, papá oso, el errante buscador del tesoro perfecto y acaso inexistente, el “iluso del arte”, etiqueta que nos achacarán, con la que nos descalificarán los demás, los que, desde luego, jamás “se enteran”.
Hoy no veo que el horizonte consienta otra salida que media botella de Canasta Cream y una bandeja de ibérico de bellota (ya sabéis el que digo, el de las vetas, las salpicadas motitas de grasa blanca), mientras se acerca la hora del almuerzo y Dios reparte suerte y con infinita paciencia se apiada de nosotros.

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