viernes, 9 de enero de 2015

Un desembarco imprevisto



Como guardeses avezados, puntuales en su tan rutinario como necesario y cotidiano cometido, se habían ocupado del mantenimiento y la atención de la finca durante los siete años últimos, con una eficacia que avalaban los aceptables resultados y sin apenas otra colaboración que la que se añadía en esporádicos días de primavera o concretos y, por lo general, mínimos apoyos en las temporadas invernales.
Por eso les chocó. Por eso se sorprendieron con la llegada de los nuevos, que traían un aire casi de invasores, unas ínfulas de funcionalidad y diseño poco acordes con la proverbial y familiar estabilidad y el modoso sosiego de costumbre, trastornando y modificando turnos y horarios.
Y aunque, después de los primeros días, la situación parece normalizarse en parte y ha cedido algo de la recíproca desconfianza, todavía se percibe una tensión entre los veteranos y los “efectivos” que constituyen esta suerte de imprevisto desembarco, por decirlo en términos navales.

DRAMATIS PERSONAE:
Los guardeses veteranos: Atacand, Simvastatina.
El equipo del desembarco: Pulmicort, Augmentine, Atrovent, Deflazacort.

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