viernes, 23 de enero de 2015

Todo un lujo



Damos por sentado que legisladores y jurisconsultos rebosan de sabiduría en lo suyo.
Parece que hay leyes de sobra, como para parar no ya un tren sino la Renfe entera.
Y entonces contemplamos absortos cómo salen (legalmente, oyes) algunos de los que están dentro y no entran los que faltan y siguen fuera.
¿Para cuándo, la norma absoluta, sin paliativos ni fisuras, sin posible e interesada elasticidad en su interpretación, que exija como condición indispensabilísima el reintegro completo de los dineros del delito, sin cumplir la cual los tunantes estén y permanezcan solamente donde deberían?
Esa condición primera e inevitable nos dejaría mucho más convencidos; sin excluir otras, complementarias, si necesarias fueren.
Con patillas plateadas de personaje de Bonanza o sin ellas, lo que ocurre en este tiempo de orates es que tenemos a los zorros “cuidando” del gallinero.
Todo un lujo. 

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