sábado, 17 de enero de 2015

"MORES Y BRETES"



Allá por los primeros años 80 del XX, Del Pino, Duarte y yo pergeñamos una suerte de rondalla de pequeño formato que tuvo una existencia efímera, como cabía esperar, pero compensada por su alto nivel de surrealismo e irrealidad (lo escribo así, a propósito).
No recuerdo de quién pudo partir la iniciativa o si aquello sucedió de forma mucho más casual que deliberada, y como fruto de la espontánea aproximación que la música, la entonces todavía juventud y otras pulsiones subconscientes se dieran entre aquella pintoresca tropa.
El caso es que, apuntalados por la leal y fervorosa asistencia de Ramírez y su canina y siempre renovada escolta, durante meses ensayamos un ecléctico repertorio, de manera más discontinua que anárquica, y al cabo nos permitimos algún debut, algunas esporádicas y breves apariciones (esta es la palabra justa) ante un público mínimo aunque estupefacto al que le costaba asumir lo que proponíamos con aquella inusual y excéntrica desenvoltura. Belmonte, por ejemplo, no daba crédito.
Todo el asunto, evocado ahora, tuvo más de mirífica entelequia y de zozobra ilusionada y divertida que otra cosa. Dio para celebraciones y comilonas, carnavales medio a destiempo, risas un poco exclusivas y/o excluyentes, cierta dosis de teatralidad y de pirotecnias verbales y no nos faltó más, en aquella logia ensoñadora, que un paseo a la luz de la luna en un coche de caballos.
Con deciros que internamente, con sorna compartida y muy propia de nosotros, nuestro nombre cabalístico era el de Trío Enagüillas…  

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