martes, 20 de enero de 2015

¿El peor día del año?



La política (no la teórica, la práctica) en nuestros tiempos y en nuestra tierra es esa actividad en la que rara vez encontramos gente decente.
Quizá porque “decente” tiene que ver con los escrúpulos de conciencia y comportamiento y esto no se da entre “espabilaos”, trepas y ambiciosos, que son los que se suben al carro y tan malamente nos arrean a este rebaño menesteroso y cansado que somos.
Los vemos mentir con el mayor descaro, acusarse entre ellos, tan ausentes todos de vergüenza, llevarse la “pasta” a volquetes llenos, en cantidades astronómicas…
Los observamos practicando la corrupción, el nepotismo, el repugnante manoseo de las ideologías…
De vez en cuando nos llaman a votar. Y no escarmentamos. ¿Imaginan ustedes una mañana electoral con 100% de abstención? La imposibilitaría el ancho pesebre de los grandes pringados, de los trincones, de los inertes y de los que se van apañando con chanchullos y migajas.
Por cierto, Susana (que está de lo que está, más o menos nombrada a dedo), como no consigue la plena coincidencia o el total conchabeo con la Izquierda Unida que la ha mantenido en ese sillón que le escamotearon (con la estafadora ley electoral que permite los pactos) a Arenas, considera el adelanto de elecciones aquí, en el Sur.
Va de llanota y presumía al principio de que iba a recuperar los ingentes millones choriceados. ¡Qué “maravilla de retablo”, jefa!
Son cuestiones así las que hacen un peor día del año, un mal año entero, y no las chorradas de los desocupados inventores del desvarío, ni la extendida futilidad de la ropa interior roja en Nochevieja, ni la ordinaria estampida, como de ñúes, con la que se entra a las rebajas, o a comprar, por primera y seguramente única vez, una tirada de 7 millones de ejemplares de ese pasquín pasota made in France, con el mismo estilo atolondrado de masa ansiosa que se atropella en la adquisición compulsiva del último y caprichoso artilugio de la alienante tecnología.
Y un frío que hace volar a los grajos, ya sabéis, a ras de suelo.

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