martes, 23 de diciembre de 2014

"Islamización" del progresismo



Como se ha visto con la práctica, los “progres” son esos fantásticos de la cosa ecuménica que, en principio (luego ya cambian), sostienen y predican que todo es factible y que “tó er mundo éh güeno”, aunque al tiempo defenestren y/o vayan laminando a los que no les dan la razón.
Como son lo más insistente y proselitista del mundo mundial, y le han echado tiempo, han conseguido la aceptación general o el seguidismo por agotamiento de ingentes sectores de la población occidental. (Una digresión o un inciso, como se quiera: occidente es un concepto como especioso y relativo, si tomamos en cuenta la propia condición esférica y giratoria del planeta con la cual el oriente es también el occidente que queda todavía más al occidente del occidente. O sea, un enredo como el de la parte contratante de la primera parte…)
Pues bien, ahora que una porción creciente de ciudadanos alemanes, y me imagino que de otros países también los habrá, están oponiéndose (con mera coherencia histórica y respeto a la tradición, y con más motivos que haya, no todos forzosamente disparatados ni descartables) a la islamización de Europa, saltan, muy descalificadores y alarmados, con las vestiduras rasgadas, los millares de loritos de los medios de comunicación, haciéndose cruces (sin darse cuenta de lo cristiana que es la expresión, la metáfora) y profiriendo todo el catálogo de esas demagogias que llaman racismo y xenofobia a lo que viene a mano, con unas inercias e ignorancias que jamás consultan el diccionario.
Los “progres” y sus fantásticas simpatías suelen poner en marcha, con inconsciencia pueril o disolventes propósitos, asuntos que después son incapaces de resolver bien y de los que muy rara vez se  responsabilizan. Qué gente cansina, tú.
¡Anda que, si hubiera un movimiento de cristianización del oriente musulmán, lo iban a dejar pasar! Menudos son.

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