miércoles, 10 de diciembre de 2014

Este 8 de diciembre



Te recordé en Granada. Y lo comenté con tu nieta, tras la danza.
Si la vieras ahora: ¡cómo habrías podido imaginar su evolución, su presente algo literario y asombroso! Pero seguramente te gustaría esa mezcla de atrevimiento y sensatez, su sostenido (por ahora: toquemos madera) promedio de buenos resultados en los estudios. Guapa, ya se veía desde el principio que lo iba a ser. Y esperarías, de ella y para ella, sólo cosas buenas porque ése fue siempre tu carácter, positivo, esperanzado, cordial.
El 8 de diciembre, la Inmaculada, que era el día de la madre, de toda la vida, aún habrá gente que lo recuerde así; antes de que el Corte Inglés y otros poderosos mercaderes decidieran que se iba a celebrar en mayo, ignoro con qué caprichosos, pero fijo que interesados, propósitos.
Por la autovía, tráfico abundante de fin de “puente”, de regreso, con el V en el auto, me distraían a veces más recuerdos tuyos y otros pensamientos.
No descarto que estés mirándonos, estas noches de luna llena, sonriendo mientras desmenuzamos los vocabularios. Como dicen, lo que se hereda, no se roba.
Yo…, en fin. Dice mi médico que estoy “como un Longines”. Lo creo a medias.
Seguimos aquí, doña Carmen.

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