lunes, 15 de diciembre de 2014

El Hipocampo



se propone inaugurar una serie de semblanzas inspiradas por los asombros que la televisión depara en el espectador; la titulará Galería de personajes I, II, III y así sucesivamente.
Y comenzando hoy mismo…

Galería de personajes (I)

Entre la festiva frivolidad y el resabio enconadito y paradójico de “niña de familia bien” provinciana, seguro que ejerciste tus encantos y tus atrevimientos en una época, aquélla, que todavía conservaba un margen para el asombro.
Luego, tu etapa de más o menos “dolce vita”, más o menos marbellí, durante la cual te sentías capaz de comerte el mundo: si no la más guapa, claro que la competencia era fortísima, sí tendiste a creerte la más lista de aquella “jet” de espuma y sanedrín, bastante más bulliciosa que brillante. Medros y avatares, episodios y decisiones, que acertamos o no, y al paso de las décadas se te ha ido poniendo un carácter que alterna expresiones de solapado o manifiesto rencor, con prontos entre teatrales y surrealistas, no exentos de cierto sentido del humor y de la parodia.
¿Quedará, a estas alturas, una mirada lasciva para el descuidado escorzo del raso algo ajado de tus muslos al sentarte? ¿Algún secreto, añejo y codicioso admirador de aquellos días?
Lo más turbio ahora (y quizá dañino, aun para ti misma) de tu presente, es el ramalazo de odio africano que con un punto de indigesta envidia disparas según tus fobias; lo también excesivo e irrazonable de tus filias; y el pozo de espeso veneno que han traslucido tus confesiones, cuya amargura acaso no te ha servido de catarsis, de purgante definitivo.
Yo no te recomendaría aquello de “para lo que me queda de vivir en el convento…”, pero, en fin: suerte, paisana.

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