lunes, 3 de noviembre de 2014

Como de Saramago



Lo desveló a deshora la propia condición fantástica del sueño:
La propaganda mentirosa y delincuente de aquellos políticos había cebado sobremanera el descontento y la insatisfacción, la insolidaridad y los egoísmos diferenciadores, y era imparable aquella pantomima de relapsa consulta separatista, con el camuflaje que se quisiera, que al margen de cualquier ley vigente y decente iba a tener lugar en cinco, seis días.
Y al compás, las negligencias de décadas, los viejos pactos interesados, comprados a insufrible precio, la autoridad moral quebrantada por el alien/íncubo de las corrupciones, habían debilitado al Gobierno de la Nación hasta un extremo de cobarde impotencia que era sinónimo de la nulidad.
Y entonces ocurrió aquello, aquella muestra extraordinaria del poder de Internet (incluso cuando la Red enloquecía y duplicaba los enlaces del “blog”): no se conoce el origen de la iniciativa, de la convocatoria, pero más de veinticinco millones de ciudadanos, que también tenían derecho a opinar y ganas de no seguir silenciosos, viajaron a la comarca de los díscolos (y de los que no lo eran y estaban acorralados), y llenaron sus carreteras, sus calles, puentes y plazas, y colapsaron con su propia y pacífica asistencia, con su manifestación grande y cívica y democrática, la viabilidad del despropósito.
El sueño, la cosa le sonó como algún relato de los que Saramago, que en paz descanse, nos dejó para el pensamiento, el sentimiento y el entretenimiento.

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