viernes, 17 de octubre de 2014

¿Qué pensabas de mí,



qué sentías, a medida que, incluso siendo tu segunda edición modificada por el tiempo (por el modestísimo tiempo que duran las vidas humanas), me iba haciendo distinto y usaba la melena, la barba, la guitarra eléctrica, otras bebidas; otras opiniones sociopolíticas, con frecuencia ignorantes y siempre faltas de experiencia, que te irritaban?
Y aun así, con esa alta probabilidad de suspenso en mi examen que debiste vislumbrar, con ese desacuerdo, con esa comprobación de que me hice músico y no ingeniero industrial como te habría gustado…
creo que me quisiste, a tu modo sobrio y poco expresivo (eran otros tiempos) pero entregado, constante, firme y sin desmayos, supongo que preocupado a veces y sin comprenderme.
Cada año, me conseguías un almanaque (del banco, del taller, de donde fuera) para que yo pudiese saber en qué día vivía; y una cosa así, tan simple, papá, me llegaba siempre como algo mucho más especial. ¿Porque venía de ti? ¿Porque en tantas cosas nos parecíamos y yo sigo siendo, y con insuperable orgullo, tu segunda edición, aunque en versión de músico, excesivo e imprudente?
Junto al reloj de pared de marco hexagonal que mamá me regaló para la cocina, tengo ahora un calendario de la editorial del amigo Antonio.
Esto es echar de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada