viernes, 5 de septiembre de 2014

Pujol y la vidente



Que suena a título de una fábula de Samaniego.
Hoy es un día para alegrarse de que exista Antena3; sin ella, quizás no podríamos vivir, experimentar este regocijo mezclado con estupor, esta amalgama insuperable de asombro e hilaridad.
Se ha dicho a menudo, y con motivo, que la realidad supera a la ficción; y cierto que esta cuestión de hoy es tan desaforada como los clásicos delirios literarios de, por ejemplo, García Márquez.
Adelina y Pujol no son Angelina y Brad. Descolorida queda la celebérrima pareja del cine al lado de estos dos pintorescos y surrealistas abuelos, y muy diferentes las respectivas relaciones, claro.
El primer fulgor de la fantasía sobreviene cuando la vidente recibe a la intrépida entrevistadora tapándose un ojo, seguramente para moderar el exceso de las facultades prodigiosas que éste desarrolla. Luego, todo se precipita: la descripción de los tratamientos, las imágenes de santos, vírgenes y cristos decorando el hábitat de Adelina, las maniobras del huevo, el relato de los dos años en Barcelona, “patrocinados” por el ex-honorable, la eliminación de aquellos famosos tics…
¿No presintió, no supo adivinar Adelina los gigantescos manejos dinerarios? Es más, ¿los aconsejaba? ¿Fue tan discreta y celosa del secreto profesional como los bancos con sus resortes y protecciones de datos?
Señora tan mayor, ¿se atrevería a inventar todo eso, exponiéndose a quién sabe qué?
La trama frondosa de esa familia que hoy cosecha los abucheos de los decepcionados, de los indignados, de los defraudados, crece en proporciones y, por increíble que parezca, parece que todavía dará mucho de sí.
Y es que España siempre contó con gran tradición de esperpentos, con señoras que “restauran” emborronando, con toda clase de iniciativas extravagantes.
El Hipocampo, después de las reflexiones que publicó en su blog recientemente (26 de julio y 15 de agosto del año en curso), llega a esta tercera entrega al respecto y no pretende ser reiterativo.
El Hipocampo está solamente atónito.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada