miércoles, 10 de septiembre de 2014

Judit



(Que hay gente que lo escribe acabado en h. Lo que son las modas.)
Una decadencia de siglos y, la entonces última etapa, unos tiempos que ya exageraban el desorden, la condición depredadora, el rollo malísimo.
El viejo, claro que lo vio. Porque todos habían exhibido hasta la saciedad lo interesado e insidioso de las ideologías, la ambición y la codicia desmedidas, los peores egoísmos, la afición a la rapiña. Menuda mierda.
El viejo lo vio y supo cómo sujetarlos. Porque todavía más que las turbias pasiones citadas, les podía el miedo: un miedo que él supo acrecentar con firmeza y recursos de hierro y en base a que ni la envidia ni el despecho ni nada iba a volver valientes a los cobardes, a los que sólo aparentan fortaleza cuando actúan en manada. Que héroes, casi no hay, fuera de la ficción.
Mucho barco para piratas numerosísimos pero, al cabo, “pocos”, o apocados, tuvieron que esperar a que se muriese. Y entonces se extendieron como una infección de nuevo descontrolada y, de los abusos de una camarilla, hemos pasado a los de camarillas incontables.
Mirar la presente ruina da tristeza y rabia.
Ahora, entre las escasas personas que se han propuesto frenar el descarrilamiento definitivo, estás tú.
La legión de vampiros que nos desangra es, vista en perspectiva, como un mosaico que configura la cabeza de un Holofernes monstruoso. Yo te voy viendo un marcado aire de Judit.
Así que “Alabado sea Dios, Señor del Universo, el Clemente, el Misericordioso…”
Que Él te proteja; o en modo laico, suerte, Alaya.

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