jueves, 4 de septiembre de 2014

Esa curiosa tendencia



Si un político, en más de una ocasión, derrapa y se deja caer con comentarios y frases de esas que lo hacen acreedor del frecuente adjetivo machista, proferido con notorio consenso, y en especial por miembros y “miembras” del equipo adversario…
¿la mejor manera de reprobarlo y de reclamarle respeto, de creer que se corregirá, es asomarse a los palcos del pleno y agitar las mujeres la ropa interior, los sujetadores que antes se llamaban sostenes?
¿Son éstas la segunda división de Femen, sus discípulas devaluadas?
¿Son de las que se quejan y ofenden porque la publicidad utiliza modelos en ropa interior para vender automóviles, perfumes, etc?
A Jesulín lo aclamaban en sus más triunfales tardes, las bragas ondeando al aire como jubilosos banderines.
Habrá que consultar a un psicólogo para que intente explicarnos esa curiosa tendencia a manifestarse con el extraordinario y vistoso argumento de la lencería. Hay ciertas dudas sobre su utilidad.

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