lunes, 4 de agosto de 2014

Modas en conflicto



De todos los colores, de todos los tamaños, las modas (a pesar de su poco discutible condición de ocurrencias o antojos transitorios y, en ocasiones, cíclicos, recurrentes) vienen causando comportamientos, expresando ansias diversas y originando frondosos debates sociales, a lo largo de los tiempos.
Infinita, la lista de ejemplos: minifalda, greñas a lo Bardot, pantalones acampanados y el creciente melenazgo en los varones removieron varios lustros, y aun décadas, a mediados del XX y eran la antesala de posteriores “avances”.
Como símbolo señero de esas mutaciones y diseños, se vivió con pasión la decidida disminución del traje de baño, dando paso a la prenda llamada bikini que ya atizó la controversia de forma premonitoria; y al compás de su paulatina reducción a mínimos, se llegó al fenómeno top-less, que significa sin lo de arriba y más adelante al tanga, que significa casi sin lo de abajo.
El personal se dividió y cerró contrapuestas y variadas filas.
Los pudorosos lanzaron de inmediato sus anatemas. Los caballeros enamoradizos aplaudían a las ajenas e intentaban frenar a las propias. Y ellas… formaron diferentes legiones:
1ª: la de las devotas rigurosas y perfeccionistas del bronceado, que consideraban heréticas e intolerables las marcas blancas donde el sol no tenía acceso y que tanto sufrimiento les habían inferido hasta la fecha.
2ª: la de las exhibicionistas, vanidosas de su belleza, en repartidos y cambiantes grados.
3ª: la de las calentorras aficionadas a la deriva incendiaria y provocativa.
4ª: la de las libertarias, a caballo entre el sufragio y el librepensamiento del “a mí no me prohíbe nadie que yo…”
Ahora me llega una noticia por indirecta vía: la moda arrasadora de los teléfonos móviles e incansablemente fotográficos, cuyos usuarios también defienden que “a ellos nadie les prohíbe que…” y captan en público todo lo captable, está llegando a cierto punto de fricción con la costumbre del bañador minimalista.
Colisión de derechos, preocupante conflicto entre modas. Insomnios y polémicas.
Es lo que decimos en el monasterio: o norma o desenfreno.   

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