miércoles, 20 de agosto de 2014

La anécdota de hoy



Sabemos todos la resignación cristiana, la paciencia infinita y la impotencia irremediable con las que andamos sometidos a la singular frescura, al desahogo y a la conducta monopolística y abusiva que, como espectaculares satrapías, ejercen contra nosotros las compañías suministradoras y similares.
Hoy venían a cortarme el agua. Según las primeras indagaciones, el recibo correspondiente de mayo fue devuelto por el banco en que figura domiciliado; y por segunda vez, en julio. Tiene este asunto toda la pinta de un error (de quien coño sea, que no mío) en las farragosas numeraciones, referencias, códigos y leches que manejan estas digitalizadísimas entidades, tan eficaces como inteligentes y atentas con la clientela que sostiene y sufraga sus andamios.
Y no es, como bellacamente sostendrán, que me enviaran aviso previo con 15 días de plazo. Porque un aviso que no se deposita en alguno de los DOS buzones que permanentemente ofrezco y que además, en caso de haberse cursado, carecería de acuse de recibo firmado por mí, es una cagadita aunque la ley, como de costumbre, dé patente de corso a estos peces grandes para que nos coman a los chicos con la más completa impunidad.
Mañana, si Dios quiere, tendré que ser yo, el interesado, quien procure enderezar el entuerto ocasionado por otros.
Al Hipocampo (que precisa agua permanente en su acuario y por la cual siempre paga con religiosidad extrema todo lo que, incluso arbitrariamente, se le viene exigiendo) le gustaría que las compañías suministradoras, en vez de cobardes y prepotentes parapetos inaccesibles y fullerías blindadas, diesen una cara de cuya madre poder decir la máxima palabrota, con todos los respetos y la precisión gramatical del caso.
¿A que se me nota la satisfacción y el buen humor?

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