viernes, 8 de agosto de 2014

El té



Tengo una frase estupenda, de uso frecuente entre las tribus y los “medios” y las redes sociales:
“Corríjanme, si me equivoco”.
¿Son, o no, los ingleses, una etnia (¿por qué no, si lo son los gitanos o los judíos?) aficionada , las constancias históricas lo evidencian, a apropiarse de lo ajeno con mínimos o inexistentes escrúpulos y a poco que una coyuntura lo facilite, que un pretexto, incluso oblicuo y remoto, les dé pié?
Pues bien, corríjanme, si me equivoco: ¿colonizaron el té, desde la India, desde China, desde donde fuere, y se lo incorporaron como los que hacen trampas con el derecho de autor, hasta extender la impresión falsorra de que el té es una cosa de ingleses?
De todas formas, se lo cedo: me parece un brebaje medio insípido, medio tibio, medio pusilánime, casi una cosa para enfermos del estómago.
Una aburrida pócima, vamos.
Una cosa, podríamos decir, de ingleses. 

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