lunes, 28 de julio de 2014

La conveniencia de la penitencia



Proceda con miramiento, con mero esmero prudente, nada de ternura exagerada que los maliciosos puedan utilizar para llamarlo mariquita.
Sartén con fondo suavemente remojado en aceite de oliva.
Sea pródigo con la sal, el ajo, las especias; recomiendo respetuosamente el comino, la pimienta perfumada e intensa.
Proceda por etapas, pentagramas, estratos. Nada de prisas, por favor, sosiegue:
Unos filetitos de lomo ibérico, de veta fina y fascinante, de formato moderado sin llegar a pequeño. Apenas, vuelta y vuelta; y ya están “para comérselos”.
Luego, en lo que transcurren esos pocos minutos, deje caer con garbo en la sartén, el solomillo cremoso, lujoso, impecable (lo puede conseguir donde Ud. sabe; y con todas las garantías). Váyase acompañando de unos pimientos rojos de Lodosa. (¡Qué tierra aquella!)
No menos de tres martinis rojos, porque “podemos”. El hielo está proscrito. Hay unos artilugios que enfrían por el estilo y NO se disuelven, derriten, diluyen, rebajando abyectamente la condición, el grado del vermut.
No se distraiga ahora, rebase los mínimos límites, sea heterodoxo: una copa balón, honda y como de brandy, escancie sin apuro y sin riesgo una lata de Voll-Damm que no ha de superar el borde ni exagerar la espuma: apenas una capa blanca del grosor de un dedo (de talla normal y horizontalmente considerado). Pan o “picos”, con liberalidad adjuntos.
Piense. Luego, ¿existe?
¿Portarnos como herejes, como paganos? ¡No lo quiera Dios! En una tabla, no una tablet sino una tabla de madera, de las que suelen usarse en la cocina, deposite la dosis de queso de Cabrales que estime apropiada. No se resista a la inspiración del momento. Simplemente, ceda.
Imagínese ahora que no dispone de un tocinito de cielo a mano. O de un postre alternativo, imaginativo, puesto para luego a refrescar. No se amilane. Porque una buena copa de licor gallego o un recio y acreditado bourbon (sí, ése mismo decía yo), si acompañan a una deliciosa milhoja, pueden hacerlo comprender a Ud. lo interesante de ir haciendo penitencia, ya que, al decir de ciertos científicos, de teólogos, de frívolos y enchufados presentadores de televisión, el mundo se acaba y convendrá estar preparados cuando suenen y resuenen con timbres estremecedores y apocalípticos las trompetas temibles del Día del Juicio Final.

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