lunes, 14 de julio de 2014

La condición traidora de las máquinas



En alguna ocasión anterior ya la hemos sufrido. Y ahora, de nuevo, este ejemplar algo indómito de robot que he dado en llamar “plegablito”, por su cuenta ha duplicado algunos de mis últimos blogs en mi facebook.
Vuesas Mercedes no imaginan hasta qué punto llega el grado de tortura, tanto por la manifiesta indefensión ante la tropelía tecnológica e imparable, como por verme envuelto, en aras del manejo común, sometedor y pragmático, en el incómodo tobogán de palabras tan no españolas como las que, líneas atrás, van en cursiva.
Irene me orienta en la reparación del desvío; y no encuentro madera suficiente para conjurar al tacto futuras y ominosas desobediencias de este desalmado chisme.
Siendo, como soy, seguramente el último de la fila en las lides de la red prodigiosa y desaforada, no me queda más que hacer manifestación de mi no responsabilidad en estos lances imprevistos y confiar en la buena voluntad con la que se orientarán mis diversos y dilectos destinatarios.       

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