lunes, 9 de junio de 2014

Bruselas



Que es como decir el oráculo. Sus designios inapelables.
Viene bien porque “las directrices marcadas por Bruselas…” Y ya estamos aviados.
La pella que fuimos acumulando debía ser 1000 veces más grande de lo que nos temíamos todos. Y nos temíamos muchísimo.
Lo digo porque ya parece imposible apretarnos más el cinturón sin morir en el empeño. Y, no obstante, en Bruselas han dicho que adelante.
Uno, que es profano y además está cansado, pregunta:
Después de que se reduzcan las cotizaciones a la Seguridad Social, lo que va a producir aliviadas sonrisas entre empresarios y cotizantes en general… la MENOS PASTA que haya, ¿significará forzosamente MENOR COBERTURA? (Ahí ya no va a haber sonrisa alguna.)
NO, NO, NO, exclaman enfáticos, aseguran los inverosímiles aunque cínicos funambulistas de la economía, de las finanzas. Ese agujero (descomunal, vertiginoso) se rellena subiendo el IVA.
Uno, pregunta: ¿y nadie recuerda ahora que cada subida del IVA retrae brutalmente el consumo? Así que, si el personal recula asustado y no compra casi nada, ¿qué recaudación de la señorita Pepis se espera obtener con el IVA crecientemente astronómico que nos amenaza?
Y entre tanto mamoneo, ¿para cuándo, la poda urgente del repugnante y obsceno derroche con el que nos afligen los mandamases, los enchufados, los parásitos tamaño Godzilla?
Áticos e impertérritos, los expoliadores de Europa deciden cómo jodernos mientras se forran interminablemente en Bruselas.

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