martes, 17 de junio de 2014

Asinus, cum in prato liram iacentem videret...



Las primeras manifestaciones de aquella decisión fueron remotas, poco definidas. Pero el pensamiento, la querencia regresaban a él en oleadas tranquilas aunque insistentes.
Se supo luego (porque ni los que pasaban por más íntimos se interesaron nunca demasiado en sus aventuras y desventuras) que, contra todo pronóstico, y después del rumbo que en general marcó su vida, había ingresado en Santo Domingo de Silos; y el comentario coincidente de quienes lo habían conocido o, al menos, tratado, estaba por completo preñado de estupor e incomprensión.
Un día, a la puerta del monasterio se presentaron dos o tres periodistas especializados que en algún inmerecido desdén lo tuvieron cuando ejercía, y dignísimamente, aquella profesión que fue suya, ingrata y seductora. Preguntaron por él y el prior volvió con la contestación contundente aunque algo impropia del sagrado entorno:
“Que se vayan ustedes a tomar por el culo”
El prior, de regreso al claustro, le reconvino el exceso verbal, aun sabiendo lo caudaloso que aquel hermano fuera siempre con la gramática y la literatura. Y éste contestó: “Confiéseme Vuestra Reverencia, porque he pecado”.
Terminado el rito, ambos departieron, camino del refectorio, sobre algunos textos apacibles que cierto autor latino dejó escritos, grabados para la Historia.  

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