jueves, 1 de mayo de 2014

Insistimos



Aquí ya se ha comentado el desastroso estado de nuestras carreteras, sembradas de baches, cráteres y todo tipo de rotos y desgarrones; y de las calles, algo parecido, con la añadidura de las arquetas del alcantarillado, cualquier cosa menos aceptablemente enrasadas con el asfalto. Un campo de minas que va a más.
Así que para fastidiarnos los neumáticos, la suspensión, lo que sea, no hace falta la pintoresca y llamativa eclosión (en los más recientes meses) de cacharritos de variado diseño en el suelo, para que reduzcamos la velocidad.
Con lo del primer párrafo es más que suficiente. Pero, claro, queda la cosa de quién se ha embolsado las comisiones por el macroencargo.
Dípteros incansables, nuestros cuestores nos esquilman con denuedo depredador, con crudelísima saña. Se ve que, tanto recaudar, como luego el dinero “se desvanece por vericuetos paranormales”, no queda para que las cosas funcionen lo bien que deberían.
¿Cómo era aquello?: un morro que se lo pisan.
¡Y es que son tan listitos…!

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