jueves, 3 de abril de 2014

Previsiones vespertinas tras variadas vicisitudes



No acepto yo que fuera un imprudente y torpe, descuidado movimiento en falso. Seguramente ha sido un desgraciado giro del destino.
Y al destino, hay días en los que nos oponemos, enfrentamos; nos declaramos en rebeldía encrespada y rampante. Y así, si Ud. para su aciago mal, malogra y pierde una sabrosa loncha de tocino ibérico (los finolis lo llaman beicon, escrito bacon) que inopinadamente resbaló al suelo y, a partir de ahí, ya no es recuperable, siendo rigurosos, entonces…
entonces, como un héroe de las más prodigiosas y viriles epopeyas de la Mitología, resuelve que no se dejará vencer, avasallar, someter por ciegas fuerzas intolerables y que, en consecuencia:
Acabará de una sentada resarcidora con el resto del delicioso y tentador contenido de ese pseudosobre, sellado al vacío, cuya adquisición, lo sabemos, implica un paseo de más o menos 60 klms. Y que, de verdad, no importa porque “el que algo quiere, algo le cuesta”.
Tampoco hay que ser remilgados ni estrechos si esta decisión obstaculiza y retrasa el objetivo de los cuatro días últimos en los que se pretendía, gota a gota, rebajar el colesterol… (¿Sabes lo que te digo? ¡Que le den!)
Ahora, habiendo dado buena cuenta del festín de hoy, Ud. puede dormir una siesta reparadora y, si sobrevive y se despierta, considerar la posibilidad de sentarse en la terraza, frente al mar, para plantearse, sin excesiva exigencia, con la lucidez sólo relativa que a casi todos nos ampara, el resto de su vida.

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