jueves, 24 de abril de 2014

Los que te dije



Como tenían ese modo de ser abusivo, soberbio y prepotente, habían decidido que les correspondía trincar más que nadie, cayera quien cayese.
Así que empezaron mintiendo, cuando llamaban asimetrías, diferencia y soberanismo a una hipócrita frescura de ventajistas que se pretendía superior y que aspiraba a quedarse siempre con el trozo mayor de la tarta y esto, porque sí, negando toda brisa de democracia cuya esencia es, si no la igualdad, la equidad, y cuyas bases incluyen la justicia distributiva y la solidaridad entre las personas.
Tergiversaron las verdades que les estorbaban. Sembraron las falacias que les convenían, y lo hicieron con la insistencia machacona y maligna de los lavados de cerebro.
Presionaron e intentaron arrinconar a los que no estaban de acuerdo con tan desequilibrada intención; luego fueron a más, hasta crear el miedo y la encubierta persecución, cualesquiera que fuesen el maquillaje y los muy pocos disimulos empleados.
Lo más espectacular era que las piaban de víctimas (!) y se ofendían cuando los llamaban fascistas.
Qué gente, tú, con esos dengues de señoritos horteras y resabiados, nostálgicos del derecho de pernada.   

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