martes, 29 de abril de 2014

La fiesta de Sant Jordi



A la vista de la desconcertante deriva que está teniendo el día de la fina y culta celebración de Sant Jordi*, y en previsión de que en la edición del año que viene se entreguen, en vez del libro y la rosa, un papel de estraza y un cardo borriquero, Juliancito y Boris (habiendo sentido la funesta herida, casi imposible de reparar, que supone la presente invasión de sus competencias), como conspicuos representantes de los más selectos cenáculos de la literatura, han solicitado una urgente entrevista con el ministro Wert, en orden a establecer inmediato filtro que impida la actual decadencia de la fiesta, en la que los más temerarios intrusos (respaldados por la muy sospechable ignorancia de lo que sean ortografía, prosodia y sintaxis) ya presentan y dedican “cosas” que con eufemismo e insolencia infinitos llaman libros.
Se va extendiendo también el rumor de que los investigadores/rastreadores que pretenden detectar los restos mortales de Cervantes, han sufrido recientes crisis de depresión y andan desalentados con el barrunto de que Don Miguel, desde el más allá, conseguirá evitar una exhumación, como poco, incoherente con los casposos, desvergonzados, canallescos tiempos que padecemos.

*(Los que con modestia usamos Milán y Londres, en vez de Milano y London, en aras de la concordia, haremos hoy una excepción.)

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