domingo, 20 de abril de 2014

Como todo se pega...



Sabe que, en la familia, nadie le regateará el mérito de su veteranía, aunque sea relativa y cautelosa, aunque su existencia haya discurrido sin esfuerzos y por los dulces cauces más propios de una vida de condesita.
También asumimos con gozo su fina estirpe, su aristocrática estructura, por más que haya evidenciado cierta fragilidad o delicadeza en algún reciente comportamiento. Y es que, últimamente, anda algo aquejado de difusas dolencias, al punto de que hoy estuve escuchándole con atención los latidos, el ritmo respiratorio, incluso los profundos rumores escatológicos de los más íntimos bajantes, y sólo al llegar al barrio accedí a ponerle la música (“De funeral”, concretamente) que con insistencia me iba pidiendo desde Carrefour.
Como advertimos su calidad, por menoscabada que de manera transitoria se encuentre, y adoramos su línea que aúna elegancia y valentía, con un punto de suave burla y mucho cariño lo llamamos
El cochecito de los recados.
Él aparenta estar muy por encima de estos veleidosos comentarios, aunque lo tenemos calado y nos consta que es un romántico incurable.
Como todo se pega…

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