sábado, 22 de marzo de 2014

Porque los ancestros tribales y la civilizada elegancia no son incompatibles



Vínculos acaso indefinidos pero consistentes de inteligencia y sensibilidad me acercan a Roberto Fiorilli, veterano compañero de la música y otros tiempos.
Por indirecta y discontinua que nuestra relación sea, en estos días me alegra sobremanera recibir de él un CD que su talentoso hijo Hamlet ha grabado en 2013.
“Pa´lante” se titula este gustazo de obra llevada a cabo por Hamlet y su Experimento de Jazz Latino (Latin Jazz Experience), obra plena de brillantez, precisión y maestría. Hay virtuosismo instrumental y técnica; pero también están ahí, por fortuna, la inspiración, las hermosas y sugerentes transiciones y contraposiciones, las ricas consonancias y disonancias de unos músicos que conocen a fondo la intención y el camino.
Conocí a Hamlet cuando mostraba su rostro absorto y apacible a la altura de una mesa y la edad de cinco o seis años, creo. Roberto tiene motivos para el orgullo y la satisfacción de los buenos patriarcas.
Que el observador, casual o atento, de esta reseña, se sirva releer ahora el epígrafe, a modo de colofón.

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