miércoles, 19 de marzo de 2014

Al trasluz de una ventana



En los tiempos anteriores al hecho, alguna gente había detectado la presencia de una especie de “su propia tía Julita, suya” y algún que otro desconocido visitante de paso.
Esto no produjo, en principio, ninguna sorpresa, aunque al trasluz de una ventana de vidrios esmerilados podía notarse la silueta de personas que, al parecer, tomaban una ducha con frecuencia casi cotidiana.
No constaba a los declarantes la nacionalidad, el nombre ni otros pormenores de dichas personas.
(Fragmento del relato de ciertos testigos, en las dependencias judiciales, referido al caso de la portuguesa muerta.)

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