sábado, 30 de noviembre de 2013

Noviembre se va acabando



Hay unas aceras largas, en una calle tranquila, con dos o tres automóviles (solamente) que reposan, más que aparcan, adosados a ellas.
Tienen las tales una construcción con materiales de dos colores: franja central, oscura, flanqueada por dos, de tono claro.
La central era el puente en el que la “víctima” se ponía a salvo de los feroces asaltos del “cocodrilo”. Cabe decir que la “víctima” era pequeña y sevillana; y ahora, andando el tiempo, ejerce plurales idiomas y romances en la ciudad soñadora que famosamente perdió Boabdil, más tonto él.
El “cocodrilo” es ahora más que veterano y se aproxima a la recta (o la curva) final a más velocidad de la que quisiera. Pero ha encontrado (lo reflexiona a veces, no sólo hoy, en la proverbial inspiración del oloroso) la manera de conjugar, que Dios reparta suerte, sus cariños entre el citado y el otro, insistente, combativo, esmerado, que la madrileña siembra y azuza a través de la vida presente.
Luego, es menester admitir, reconocer, confesar su singular debilidad por su tercera niña que, asombrosamente, tiene tres ruedas y cuyas citas, cuya glosa, asoma y se omite, en una suerte del juego que llamaban “el esconder” en el Pedroso y no sólo allí, delatando los talones de Aquiles que (si es que eres un inocentón) se asumen, según la jornada, en estas reflexiones del Hipocampo.
Noviembre va acabando: atentos a los polvorones.       

2 comentarios:

  1. Claro que nosotras dos lo queremos muchísimo, pero la otra niña casi que lo soporta sólo.

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