martes, 5 de noviembre de 2013

¡Ay, Señor!



El tiempo pasa.
Este 3 de noviembre, nos han dicho los científicos que había eclipse. A mí me pareció una birria de eclipse esa luz tontorrona que teníamos durante el mediodía; una birria de eclipse como podría ser una birria de cortinas.
Los científicos son esa fascinante cofradía que nos deslumbra, por ejemplo, afirmando que tal o cual cosa ocurrió, digamos, hace 200.000 millones de años.
Yo con obligada modestia suelo añadir una gota de prudencia y matizo, desde mi silente (Mario, atento) soledad, que sí, que año arriba o año abajo, se entiende.    
En todo caso, los eclipses ya no son lo que eran, mismamente en el pasado siglo. Que un eclipse tenía una enjundia y una hondura que los de ahora, ni de refilón.
Brillan variadas señales de un ir a menos: del XX al XXI, “futuro incerto”, como dice Bocherone. Y eso se nota incluso porque cada vez más personas hablan solas, increpan a las imágenes que asoman por la “tele”, etc.
Lady Taladro me lo ha comentado, y lo achaca a cosas de la edad, con el añadido de que sus más logrados y elocuentes soliloquios tienen lugar en el ámbito móvil del “Auditorio”.
Y en la Gran Casa, cruzando generosos pasillos, de un salón amplio a otro amplio salón, retumban, más o menos, las indignadas palabrotas (que también puede decirse tacos o picardías) que profiere cuando la jornada, infausta, comienza con la avería de una persiana.
¡Ay, Señor!    

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