sábado, 5 de octubre de 2013

Susana... ¿en serio?



Acaba de estrenarse en Madrid, eso del rompeolas, que ya son ganas de surrealista y onírico carro zíngaro.
Dos o tres cosas ha dicho, algo insólitas en su cuadrilla, que han encandilado enseguida a los noveleros, siempre ávidos de cualquier imprevisto, por más pequeño que sea, que los ayude a remontar su pasmo habitual, su mohoso y estéril nirvana, su “cuelgue”.
Esta heredera, realidad que ya la va lastrando, de los infames manejos de sus antecesores/mentores, parece que no cuenta con muy finos timbres personales- académicos-laborales, sólo que en nuestras crecientes calendas decadentes nos tenemos que apañar son el saldo de los segundones, y además los votantes casi que no pintamos una mierda, sometidos al mamoneo electoral vigente. 
Afirmo que si, contra todo pronóstico coherente, resulta ser la persona decente que buscamos como aguja en un pajar, y le mete mano a toda la plancha pendiente que acaba de asumir, yo seré el primero en voltear mis campanas, derrochar el incienso y la mirra de los parabienes y elogios, de los agradecimientos y vítores, de las gloriosas, laureadas, triunfales alegorías con las que, por ejemplo, el Martini (figuraba en las etiquetas de las botellas) solía ser premiado en certámenes internacionales cuando el mundo conservaba todavía su “savoir faire”.      
Dicho esto, ramplón y mísero latiguillo de esas aves de corto vuelo que suelen ser los llamados tertulianos de la radio, de la tele, así como los gacetilleros y similares de la muy deteriorada, corrompida, sectaria prensa de papel, me temo que Susana (sin diminutivo promocional ni ratón que la asista entre sueños cerca del radiador) será, como suelen, otro decepcionante y frustrador camelo.
Otro gato por liebre.
Otra espabilada, típica de estos tiempos cuatreros.
Y, desde luego, algo bastante diverso de la estrella de repente nacida que el pantocrator que rige a algunos aragoneses, en un rapto de ofuscada, calenturienta e innecesaria cursilería pasada de moda, se ha lucido diciendo que es.      
¡Ay, Señor!        

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