martes, 29 de octubre de 2013

Norah



Los más sutiles, recónditos alientos de la música dirigían sus dedos, sobre aquel piano sabio, hacia las notas mejores, hacia cálidos, dulces sonidos de no esperada seda.
En el centro de su voz anidaba o flotaba una queda sensación de ángel.
Tornasol de agua, riqueza íntima, leve, salada, ácida. La artista fue la maga que no le haría daño cuando – azorado ante sus ojos, inclinado ante su arte – besó con devoción sus manos prodigiosas.

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