domingo, 15 de septiembre de 2013

A Zoe, tres de la mañana

Vivimos
en este planeta hermoso que descuidamos
y maltratamos
como salvajes inconscientes y endurecidos
por la vida. Por la mala vida.

Vivimos
embotados por la barbarie
que a diario nos muestra la televisión;
mirando hacia otro lado,
defendiendo nuestros egoístas asuntos,
logros, objetos materiales para el derroche y la comodidad.
Mientras la muerte, las enfermedades, el hambre,
el dolor, la injusticia, la incultura,
el tiempo malgastado
nos llenan la mochila, la piscina, el depósito, el corazón,
de lastres oscuros, densos, inconcebibles.
A ti
te hace falta con urgencia un corazón de repuesto
(y va a ser difícil conseguir el adecuado,
que debería ser pequeño y de ángel)
porque el tuyo lleva dieciocho meses funcionando mal.
Los dieciocho meses exactos de tu vida
no endurecida, no embotada
pero en la que ya han mordido el dolor y la injusticia.

La muerte es una sombra a la cabecera de tu cama,
aunque tú quieres vencerla
y mientras tanto
(un débil giro de tu cara hacia la cámara),
la mirada de tus ojos azules, tristes y bellísimos
nos estremece y sacude,
pulverizando todos los infames filtros mencionados,
haciéndonos querer con toda nuestra fuerza, Zoe,
que te salves para que se salve
algo bueno en este mundo sin Dios.

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